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Wed, 15 Nov 2006 21:38:29 +0100 |
Y: El último hombre.
de Brian K. Vaughan y Pía Guerra.

No me había enganchado tan rápido a un cómic desde que leí el arco “Hasta el fin del mundo” de la serie Predicador. Si la increíble historia de amor entre Tulip y Jesse Custer hubo de esperar hasta el tercer arco argumental para dejarnos rendidos a los pies de Garth Ennis, el guionista que quiso ser John Ford, aquí, Brian K. Vaughan se las arregla para robarnos la cartera el el primer número.
Y: El último hombre comienza con una cuenta atrás. Se nos presenta una serie de personajes en distintos escenarios y situaciones que, el guionista nos advierte, tuvieron lugar minutos antes del acontecimiento central de la serie y que marcará a todos esos personajes y unirá sus destinos:
Una agente secreta americana en una misión en Oriente Medio para robar un objeto sagrado que se supone maldito; una doctora japonesa-americana a punto de dar a luz a su propio clon; una coronel del ejercito israelí que desconoce su verdadero nombre porque si es llamada por él la muerte la encontrará; una paramédico hija de una senadora y, finalmente, su hermano, el involuntario protagonista central, Yorick Brown, un ingenuo aprendiz de escapista y su mono capuchino, que está a punto de declararse por teléfono a su novia en Australia cuando cuando la cuenta atrás llega su final...
En ese preciso momento, las comunicaciones se cortan y en todo el mundo, todo animal con un cromosoma Y cae abatido por La Plaga, sangrando por nariz, boca y ojos.
Los hombres han muerto.
Todos... salvo Yorick y su mono.
Comienza así un interesantísimo viaje a lo largo del cual Vaughan nos muestra un muy plausible mundo sin hombres. De repente, la población mundial se ve reducida a la mitad. Las mujeres han heredado la tierra. Se acabó la opresión. Se acabaron los roles sexuales. Se acabó el sexo...
Las top models tienen que reciclarse. Los ejércitos están formados por un puñado de reclutas novatas. La única mujer del gabinete hereda la Presidencia de los Estados Unidos. El monumento a Washington pasa a ser un memorial fálico dedicado a todo el género desaparecido. En todas partes, las mujeres se ven forzadas a reconstruir el mundo partiendo de cero.
Por desgracia, sin machos para copular, todas las especies están condenadas a la extinción.
Hasta que aparecen Yorick y su mono en Washington y la presidenta lo pone bajo el cuidado de la agente secreto 355 y sometido al estudio de la Doctora Mann, cuyo trabajo sobre la clonación podría ser la clave de la supervivencia de la especie humana.
La historia de Vaughan, ambientada en un mundo muy real, en el que el tiempo transcurre en paralelo al nuestro, y las situaciones exploran todo lo que significaría realmente la desaparición de 3000 millones de hombres de la superficie del planeta, se ve perfectamente complementada en el dibujo sencillo pero eficaz de Pía Guerra, una de las escasa mujeres dibujantes del medio. Guerra hace gala de un trazo limpio, en absoluto dado a las habituales exageraciones anatómicas y poses forzadas que han devenido canón en el cómic americano. Los fondos pueden parece a veces un poco planos, o poco definidos, pero lo compensa con un gran tratamiento de la expresividad facial, este sí, gran defecto de la mayoría de dibujantes que excelen en la acción, y que en el caso de Guerra, es extremadamente conveniente a las abundantes escenas de diálogo con que Vaughn nos deleita.
Es aquí, en el diálogo, donde el guionista sobresale, poblando las conversaciones de referencias triviales a la cultura pop, a la que tan aficionado es Yorick (y nosotros: ¡Qué bien nos conoce Brian!), que a la vez que entretienen, sirven como contrapunto trágico al mostrarnos todo lo que se ha perdido, o peor, lo que se podría perder definitivamente si los protagonistas fracasan.
En fin, uno de los tres o cuatro grandes cómics de la última década, aún en publicación, y que os anímo a disfrutar.
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