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| Another one bites the dust. |
| Rock... |
Mon, 11 Dec 2006 18:15:54 +0100 |
Ha muerto Pinochet. Con él muere el penúltimo de los Tirano Banderas latinoamericanos; el dictador dueño y padre del país, que diciendo salvarlo lo arrastra a la sima de su propia abyección.
Un clásico, vamos.
Con él, también, se muere una de las últimas coartadas ideológicas que arrastrábamos de la Guerra Fría; aquella que venía a decir: "Sí, es un hijodeputa. Pero es nuestro hijo de puta". La coartada que, por ejemplo, permitía hacer distinciones entre Pinochet y Castro. O exhibir esa superioridad moral en titulares como éste, sin perjuicio alguno del pudor periodístico.
Y es que algunos han visto en Pinochet, a la cómoda distancia de un océano, la oportunidad de derrotar al dictador que aquí dejaron morir en la cama. ¿Qué será de ellos, los antifranquistas retrospectivos, ahora que éste también se les ha muerto de viejo?
Siempre les quedará Bush.
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