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Thu, 09 Nov 2006 12:21:44 +0100

Genial, y muy valiente, el artículo de Félix de Azúa en El País de hoy. Cómo él mismo reconoce, se juega alguna amistad por denunciar la campaña de desprestigio que se desató contra Ciutadans la misma noche de las elecciones. Da nombres. Y desciende a lodo.
¡Como a mi me gusta!

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Otras elecciones. Otros países.

Daniel Ortega vuelve al poder en Nicaragua dieciseis años después de su derrota a manos de Violeta Chamorro. Después de la piñata sandinista, en la que se repartieron los bienes que antes habían nacionalizado durante la revolución; después de las purgas y divisiones que se saldaron con la escisión del Movimiento Sandinista Renovador; después de pactar con democristianos y con escindidos del PLC... al final la gran victoria ha consistido en capturar un magro 38% de voto, pero que ante la división de toda la oposición, y gracias al pacto con Arnoldo Aleman El Gordo, le permite sacar más de un 5% de ventaja al segundo competidor y proclamarse presidente sin pasar por una segunda vuelta.
Tiene toda la legitimidad, pero más le vale no perder de vista lo exiguo de sus apoyos y el hecho de que su nombre todavía se asocia con la guerra y la corrupción del final del régimen sandinista. Por no hablar de la matanza de miskitos.


En USAlandia los Demócratas han dado la vuelta a la situación en la Cámara de Representantes y se cree que lo harán también en el Senado. La prensa europea ya se ha apresurado a ponerle el epitfio al reinado de Cara de Cuero.
Se equivocan.
Olvidan que en Estados Unidos rige una estricta separación de póderes. Ell resultado de las elecciones parlamentarias no priva de legitimidad ni poder al presidente, elegido en unas elecciones separadas. Sólo significa que el Congreso actuará como un contrapeso más eficaz, controlando más estrechamente al Presidente y su gabinete. Podemos prepararnos a ver comisiones de investigación de verdad, no como las de aquí, y recortes de presupuesto para ciertos programas muy queridos en la Casa Blanca.
En realidad, que el Presidente sea de un color y el Congreso de otro, no es nada nuevo. Es lo normal en la historia de Estados Unidos. Sus instituciones se diseñaron para funcionar así. Vigilancia y contrapesos.
Durante 40 años desde el final de la II GM, la Cámara de Representantes fue de mayoría demócrata, y Prsidentes como Eisenhower, Nixon, Ford o Reagan tuvieron que lidiar con ella. En 1994, los republicanos se hicieron con el control, apenas dos años después de la victoria de Clinton, y se cargaron su proyecto de Sanidad Universal; pero Clinton prevaleció y dio lo mejor de sí con una Cámara enn contra.
Lo de ahora llega demasiado tarde para cambiar el rumbo de la administración Bush, pero asegurará que no se meta en más berenjenales, y deparará un recrudecimiento del debate ideológico dentro de dos años, en las presidenciales de 2008.

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"Es falso que el Gobierno haya hecho concesiones políticas; aceptar discutir una reforma del marco político no significa haber asumido las propuestas de Batasuna. Y relativizar los tres años y medio sin muertos supone ignorar que lo esencial del proceso es gestionar el tiempo, de manera que reanudar la violencia tenga para ETA costes inasumibles."

El País de hoy se esfuerza por seguir confiando en El Proceso. De un tiempo a esta parte abundan los comentarios críticos de quienes se suponen los más fieles escuderos del gobierno y el cambio de política anti-terrorista.
Yo siempre he sido escéptico. Pero es que leo demasiada historia. Y además: no se me da bien en creer porque sí. Y eso es lo que nos ha pedido el Presidente del Gobierno. Que creamos que esta vez sí iba a funcionar. ¿Por qué? No se sabe. Pero debíamos confiar en que él sabía más que nosotros.
Y ahora, muchos que confiaron, se empiezan a preguntar si no era todo un farol. Si es que no había nada.
¿Que se acepte discutir una reforma del marco político, que sólo puede ir en una dirección, no es pagar precio político? ¿Qué pasará si a ETA no le convence la reforma? ¿Sería posible replantear el Concierto, la política educativa, la caja única de la seguridad social, en forma alguna distinta a la que plantean los nacionalistas? ¿Y Navarra? ¿Y Lapurdi y Zuberoa?

Tampoco parece tener en cuenta El País que para los únicos para los que la vuelta a la violencia de ETA tendría costes inasumibles, es para el Gobierno. ETA ya rompió treguas en el pasado. Y lo pagó con apoyo enn las urnas. Pero esta vez ya no tiene nada que perder. Batasuna sigue siendo ilegal. En su caso, volvería a presentarse EHAK en su lugar. En cambio, el coste para el gobierno de que ETA volviera a matar, después de haberla tenido acorralada y haber emprendido un proceso de diálogo en el que se ha puesto a sí mismo contra las cuerdas, sería demasiado alto como para no caer en la tentación de ceder a un pacto a cualquier precio, sea como sea.

Al final todo es poker.
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