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Death Proof, de Quentin Tarantino
  ¡... & Roll!  
Thu, 13 Sep 2007 00:10:50 +0200


Pues bien. Fui a verla. ¿La recomendaría? Sólo si eres capaz de apreciar las bromas muy rebuscadas. O si te gustan las persecuciones de coches.

Veréis, parte de la culpa la tienen los distribuidores. "Death Proof" era parte del proyecto GrindHouse puesto en marcha por Tarantino y Robert Rodríguez. La idea era hacer un homenaje a las sesiones dobles de cine explotation de su infancia. Aquellas en las que te emparejaban una peli de horror de serie Z con una película S de mujeres en prisión. Para ello, decidieron que cada uno rodaría una película tan cutre como aquellas, las proyectarína juntas y en medio pondrían trailers falsos de películas que ni siquiera existían –homenajeando, aunque fuera sin saberlo, a Jorge Luís Borges, que prefería escribir reseñas sobre libros imaginarios a escribir el libro entero.

Así, Rodríguez rodaría Planet Terror, una de zombies más en la línea de Zombie 3 que de La noche de los muertos vivientes; mientras que Tarantino rodaría una historía de asesino psicópata pero cambiando el cuchillo de cocina por un coche de especialista "a prueba de muerte". Los trailers correrían a cargo de amigos de ambos como Rob Zombie o Eli Roth, y serían tambien homenajes a aquel cine de palomitas y butacas pegajosas. Como parte de la broma, las películas son intencionadamente risibles, tienen fallos de racord a mogollón, faltan rushes y escenas enteras, la copia esta deliberadamente envejecida y dañada, y los créditos... ¡oh, los créditos!

Pero claro, los distribuidores europeos tenían que meter baza y proyectar por separado las dos películas –¿por qué pagar una vez si puedes pagar dos?– eliminando además los trailers. La mitad de la gracia a tomar por culo.

Puesto que ya no había problema de duración, Tarantino se pudo permitir un nuevo montaje más largo para su pase en cines del Viejo Mundo.
Se nota.

La primera parte de hace tediosa, mientras esperamos que pase algo o los diálogos tomen ese giro tarantiniano que le hizo famoso. No ocurre. Los diálogos, coherentes con el espíritú cutre que informa el proyecto, podrían pasar de verdad por los de una película de American International Pictures. No es hasta que el asesino –interpretado por un Kurt Russell chungo en más de un sentido– se desata y se cobra su primera victima, que el interés de la película despega. ¡Vamos Quentin! ¿De verdad no sabías que el interés de una slasher movie reside en ver como caen los adolescentes incautos?

Es a partir de entonces cuando la película empieza a parecer de Tarantino. Diríase que se olvida del propósito inicial y se dedica a hacer los que de verdad quería, ya libre de las convenciones del género. Y lo que Quentin quiere hacer de verdad es un homenaje al cine de especialistas, hombres y mujeres que se juegan la vida para plasmar en celuloide las fantasias juveniles del públiuco que llena las salas. Hombres como el Especialista Mike que mata a jovencitas con su coche trucado "a prueba de muerte". Mujeres como la protagonista central –o por lo menos la que se lleva el gato al agua, por carisma y por los cojones que demuestra en sus escenas– de la segunda parte, Zoe Bell, neozelandesa habitual de los ultimos rodajes de Tarantino y que fue durante años la doble de accion de Lucy Lawless en Xena.

Y es esta parte la mejor de la película porque en ella puede volcar Tarantino sus obsesiones particulares. En especial, un homenaje en toda regla a Vanishing Point, aquí llamada Punto Límite Cero, que goza de estatus de película de culto en buena parte del mundo gracias a sus increíbles persecuciones y al máximo rendimiento que su direstor supo sacar de unos muy escasos recursos.

Y cabe decir que aquí Quentin lo logra. La escena de la persecución con Zoe haciendo de mastil de barco consigue atornillarte a la butaca. Llegado este punto, mejor será que hayas ido antes al lavabo.
Hacía años... ¡qué años! ¡Décadas!... que no veía una persecución que no me hiciera bostezar. Aquí Tarantino demuestra que no importa cuantos choques muestres en pantalla, cuantos objetos lances sobre el capó, cuantas cámaras tengas rodadando desde distintos ángulos o cuantos coches pongas circulando en sentido contrario.
No señor. Dos coches y una carreterta despejada es todo cuanto necesita para recordarnos porque es un genio.
Dicho lo cual, una vez terminada esa escena de la persecución, es cuando vuelve a acordarse que esto era una broma y te deja con un palmo de narices con un final anticlimático como no veía en muchos años. ¡Y fue en Betamax!

Mi consejo es que haríais mejor es esperar a que GrindHouse salga en DVD, completa y con todos los extras, para poder disfrutar en todo su esplendor de una sesión doble de cine casposo.
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