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Iñaki y Network, de Sidney Lumet.
  Rock...  
Wed, 17 Oct 2007 22:59:30 +0200

En Network (1976), de Sidney Lumet, Peter Finch interpreta a Howard Beale, un anchorman, un presentador–director del noticiario de máxima audiencia de una cadena de televisión al que un día le comunican que va a ser despedido tras toda una vida en la emisora porque se ha quedado anticuado y ha caído la audiencia. La cadena, eso sí, le da la oportunidad de una salida airosa y de despedirse de su público. Así que a la noche siguiente, Howard sale al aire para comunicar que la dirección de la emisora le considera obsoleto y va a ser despedido, por lo que al final de la semana, en su última emisión, se suicidará en directo.
Sintiéndose liberado de obligaciones y condicionantes, Howard comienza a despotricar contra todo lo que cree está mal en el mundo, de una forma como nadie lo había hecho nunca en televisión –recordad: es 1976, antes de Howard Stern y la FOX, cuando el modelo del anchorman era todavía Walter Cronkite– y consigue que miles de personas se levanten de su sillón y se asomen a su ventana para gritar al mundo el que será su leit motiv : “¡Ya estoy harto y no voy a aguantarlo más!”

Por supuesto, la cadena descubre que la emisión ha sido un éxito y en vez de despedir a su nueva estrella le dan su propio programa para que despotrique a gusto, convirtiéndola en una especie de profeta airado de la televisión, hasta el punto que termina por convertirse en una parodia de sí mismo, la audiencia vuelve a bajar y deciden quitarselo de encima mediante el expeditivo y rentable procedimiento de hacerlo asesinar en público, delante de las cámaras.

¿Y por qué os explico esto?, preguntaréis.

Últimamente, Iñaki Gabilondo me recuerda a Howard Beale.

Ya comenté como me parecía un error el pase de la radio a la televisión, medio al que nunca se ha llegado a adaptar. Pero el mayor golpe se lo llevo su reputación como hombre moderado y ecuánime en el tratamiento de las noticias. Desde que presenta y dirige las noticias de Cuatro, Gabilondo se ha descubierto como un periodista sesgado, tramposo y rencoroso. Sus sermones tienen cada vez un aire más curíl, como si le traicionara la educación de sus años mozos. Y en sus momentos menos afortunados, alcanza ese mismo tono de profeta airado que Peter Finch daba a su personaje en la película de Lumet.

Un día es una visita en directo a la Franja de Gaza, esperando presenciar una nueva caída del muro de Berlín tras la retirada del ejercito israelí, sólo para descubrir a los palestinos seguir con sus vidas en la más absoluta indiferencia. Otro día es descubrir que uno de los participantes en una manifestación de la AVT no era víctima del terrorismo, sino sólo cojo, poliomelítico, como si el hombre hubiese dicho otra cosa a quien le quisiera escuchar, sólo para tener que disculparse al día siguiente, ante el bochorno. Por no hablar del desfile de ministros y altos cargos para ser masajeados / entrevistados, la transfiguración de los muertos de la T4 en “desaparecidos” o la diferencia de trato, fácilmente apreciable incluso para el ojo desentrenado, en las entrevistas a Zapatero y Rajoy.

Esta semana, sin embargo, ha excedido mi capacidad de tolerancia. Primero, el Lunes, ofrece una entrevista con un alto mando del partido Baas iraquí, presentándolo como legítimo resistente, para que no lo confundamos con un terrorista, y adelantando él todo el argumentario del entrevistado: “La culpa es de los americanos”, “Los atentados contra el gobierno son legítimos”, “Al Qaeda en Irak no existía antes de la invasión”, “No había asesinatos con Saddam”... “No pararemos hasta echar a los americanos y a quienes les apoyan”.

Para empezar: ¿Os imagináis una entrevista a un alto mando del Partido Nazi en 1945 para que diga que son resistencia legítima a la invasión y que no pararán hasta echar al último americano/francés/inglés/ruso?
Yo tampoco.

El partido Baas es ideológicamente idéntico al fascismo, siempre ha gobernado en dictaduras y siempre lo ha hecho en medio de baños de sangre. Esto es especialmente cierto en Irak. Así que, Iñaki, ¡cojones!, no me traigas al fulano ese a decirme que antes no había asesinatos cuando hasta el último mono sabe que Saddam gaseó a su propia población y el país está lleno de fosas comunes. No me digas que son resistentes legítimos, separándolos de Al Qaeda en Irak, cuando el mismo tío está reconociendo que no acepta el gobierno salido de las elecciones –las primeras elecciones libres en la historia del país y casi únicas en la región– y que hará todo lo posible por derribarlo. Y no me vendas toda esa propaganda derrotista –cosa que no entiendo en un país que ya no tiene presencia allí, a no ser que como recurso arrojadizo en las próximas elecciones– precisamente la misma semana que hasta la prensa anti-Bush en Yanquilandia está reconociendo que Al Qaeda en Irak está siendo derrotada y que el país está casi pacificado, a la espera de un acuerdo político sobre la constitución y el reparto del petróleo entre las provincias.

Segundo, el Martes, aún no repuesto de la entrevista del Lunes, se descuelga con el siguiente titular: “Golpe conservador en el Tribunal Constitucional”.
¡Dios Mío! ¡Han entrado los tanques en el Constitucional???

En realidad, se trataba simplemente de la resolución de aceptación a tramite del recurso presentado por el PP contra la Ley de reforma del TC aprobada por el Gobierno para alargar el mandato de la actual presidente del Constitucional y que retenga el voto de calidad en caso de empate en la discusión del Estatut de Catalunya.

¿Es eso un golpe? ¿Acaso no es legal? ¿O legítimo? ¿Sería también un golpe cuando el gobierno aprobó la ley, cambiando las reglas de juego en mitad del partido?

De verdad, de verdad, que detesto que me tomen por imbécil. Y este profeta airado lleva mucho tiempo tratándonos como si lo fuéramos. Al menos a Urdaci se le notaba ese recochineo caradura cuando te mentía a la cara en plan “No puedo creer la que estoy soltando ni yo”. Iñaki no. Él se lo cree de verdad. Por eso se enfada. Por eso nos amonesta y nos lanza sermones desde su púlpito hasta que asimilemos la verdad y creamos con él. No le basta con explicarnos la realidad. Quiere que la entendamos como debería entenderse. Es, cada día más, un Howard Beale camino de convertirse en una parodia de sí mismo.

Espero que el día que pierda audiencia –más– sólo lo despidan.


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