Johnny B. Goode    
 
"Ten cuidado: Aquí hay Morlocks"  
 
   Portada
  Presentación

   Buscador
»
   
    Categorías
  Rock...
  ¡... & Roll!
 
    Anteriores
  Un Boston Tea Party en El Corte Inglés??
  Matisyahu: ¿Es el reggae Kosher?
  La ineptitud del antifascista español.
  La SGAE roba a los artistas.
  The Whole World in my Hands.
  Canciones de Redención.
  En tierra de faraones.
  Correcciones a Librepensadores (IV)
  ... con un zonriza.

Librepensadores (IV): Fariseos, Maimonides y Spinoza.
  Rock...  
Thu, 25 Oct 2007 21:27:20 +0200

Actualizado el 25 de Octubre de 2007: He recibido notificación de un visitante y amigo sobre algunos errores en el artículo referidos a Spinoza. Y tiene toda la razón, como de costumbre. Así que, con su permiso, en vez de corregir los errores como si nunca hubieran existido, añadiré su carta a los comentarios, dejando constancia así de la verdadera fuente de la corrección.

Una de las paradojas más sorprendentes del cristianismo es la categoría de insulto que ha adquirido el termino fariseo para sus seguidores. Y digo paradoja porque, por todo lo que sabemos, Jesús de Nazareth era, muy probablemente, –¿lo adivinan?– fariseo.
Los fariseos eran uno de los cuatro grandes grupos, escuelas de pensamiento, sectas o partidos, en los que Flavio Josefo dividió a los judíos de su época en su “De la Antigedad Judaica”. Se caracterizaron por su oposición a la casta de los sacerdotes del Templo, constituida por los descendientes directos de Aaron –esta norma es tan estricta que hoy, los modernos investigadores genográficos han podido identificar una mutación concreta del cromosoma Y, el llamado cromosoma Cohen, privativa de los sacerdotes de poblaciones judías en todo el mundo– cuya autoridad desafiaban basándose en la preeminencia de la ley, que cualquiera podía estudiar e interpretar. Ello conllevaba la extensión de la ley a todos los judíos –no sólo a los sacerdotes del templo–, idea que bebía de la isonomía griega y prefiguraba la moderna igualdad de todos bajo la ley. En segundo lugar, la idea de compilar la ley para su estudio dio origen a la figura del rabino –que significa “maestro” en hebreo–, que venía a romper el monopolio del Templo en la interpretación de la ley. Cualquiera podía estudiar los textos y la tradición oral –la Torá y la Mishná– y convertirse en un maestro, capaz de enseñar a otros e impartir sus ideas.

Por supuesto, al romper el monopolio de los sacerdotes, los fariseos propiciaron el surgimiento de nuevas interpretaciones e ideas que discutían abiertamente en el mercado o el Gimnasium, dando lugar a acalorados debates. Precisamente esas discusiones de Jesús con los fariseos que recoge el Nuevo Testamento son la prueba de que era un fariseo. Únicamente, que no se ponía de acuerdo en casi nada con nadie. Como los otros fariseos.

Tras la destrucción del Segundo Templo por Tito Flavio, en el 70 d.C. , la que había sido la institución central del judaísmo desapareció para siempre. Sin monarquía, y ahora sin Templo, sólo la doctrina farisea, con su empeño en que todo judío debía ser un estudioso de la ley, permitió mantener la cohesión durante casi 1900 años de Diáspora. El fariseísmo se convirtió en la forma dominante del judaísmo y pasó a denominarse judaísmo rabínico. Sólo alguna secta menor, como los karaites, se mantuvieron en la antigua doctrina.

Pero a lo que nos interesa. La destrucción del Templo, y la perdida de poder de la casta de los sacerdotes a manos de los rabinos, supuso la semilla de lo que sería una larga tradición de librepensadores judíos que aportarían enormes contribuciones a la historia de la filosofía universal.
El hecho de que cualquiera, mediante el estudio, pudiera convertirse en un rabino, supuso una enorme diferencia con otras culturas donde el conocimiento estaba centralizado y monopolizado por una autoridad suprema. Frente al “Roma Locuta Causa Finita”, el judaísmo ofrecía una imagen de perpetua discusión y multiplicidad de opiniones. Es más, la insistencia en que todo judío estaba sometido a la ley impulsaba a su estudio. En contraste, la Iglesia Católica prohibió durante siglos la mera traducción de la Biblia a las lenguas vulgares para evitar su discusión.
En cualquier hogar judío se estimulaba a los niños a hacer preguntas, que los mayores y más sabios debían intentar contestar. Y en las sinagogas se podía asistir a interminables debates entre rabinos y estudiosos que solían terminar sin un vencedor claro.
Como consecuencia de todo ello, la practica de la religión era para los judíos una fuente de incertidumbre y duda, sobretodo comparada con el monolitismo dogmático del cristianismo y el islam; pero también un extenuante ejercicio intelectual, que apremiaba el estudio y el cuestionamiento de toda afirmación, incluidos los propios dogmas de la fe judía. Con el tiempo, ello permitiría que desde sus comunidades, siempre minoritarias y marginadas, surgieran algunos de los mayores pensadores de a humanidad.

Y todo empezó con los fariseos.

Varios siglos después, en el Al–Andalus del siglo XII, el médico judío y filósofo Moshe Ben Maimon (30 de Marzo de 1135 o 38–13 de Diciembre de 1204), recordado por la posteridad como Maimonides, dio con su obra los primeros pasos de una empresa que muchos continuarían después de él y que se ha descrito como “la ardua tarea de desencantar el mundo”.
Maimonides fue el primero en proponer una explicación médica para el origen de los tabúes alimentarios judíos. La idea de que la prohibición de comer cerdo o marisco pudiera tener su origen en algo tan prosaico como una intoxicación alimentaria, en vez de en el caprichoso deseo de un dios absurdamente quisquilloso con el menú, era mucho más peligrosa de lo que a simple vista pueda parecer.
Para empezar, ponía en cuestión el origen divino de la Ley sagrada. Una ordenanza sanitaria no tiene el mismo peso que una ley dictada por Dios. Y sin templo ni reyes, la Ley era la único que cohesionaba e identificaba a los judíos dispersos por el mundo. De hecho, aunque no creyese en el origen divino del tabú, el propio Maimonides fue un judío observante toda su vida, consciente de la centralidad de la Ley para su pueblo. Bien es cierto que no sabemos cuanto de su actitud era sincera y cuanto era por guardar las apariencias ante su comunidad, que tenía tendencia a considerarlo algo hereje.
De hecho, en la introducción a su obra más famosa entre los gentiles, la Guía de los Perplejos, advierte que no puede ser tan claro como quisiera, pues hay cosas que no se puede explicar a las masas ineducadas: “Mi propósito al adoptar esta posición es que las verdades deberían ser a un tiempo aparentes y a la vez ocultas. Así, no nos opondremos a la Voluntad Divina (de la que es un error apartarse) que ha escondido de la multitud las verdades requeridas para el conocimiento de Dios, de acuerdo con las palabras ‘El secreto del Señor está con aquellos que le temen’ (Salmo 25:14)”.

Esta idea, principio de precaución filosófica, cabría llamarlo, reposaba sobre las enseñanzas de su padre, rabino de la comunidad cordobesa, que recomendó a sus seguidores aparentar la conversión al Islam para escapar a la muerte segura a manos de los integristas Almohades y que perpetuarían los conversos judaizantes o marranos tras el decreto de conversión forzosa de los Reyes Católicos. Siglos después, otro filósofo judío, Leo Strauss, retomó de Maimonides la idea de que la doctrina filosófica tiene dos lecturas; una aparente, para el gran público, y otra, la real, codificada y oculta, sólo al alcance de los iniciados.
Esta concepción, que permite la relectura permanente de los textos, extrayendo diferentes interpretaciones a conveniencia del lector, entroncaba con la tradición iniciada por los fariseos, que permitía y alentaba la discusión sobre los textos sagrados, pero Maimonides la llevaba más allá al sugerir que los hechos narrados no deben ser interpretados en su literalidad, sino metafóricamente, aumentando el radio de acción para la especulación filosófica y la argumentación racional. En su propósito declarado al escribir la Guía de los Perplejos, Maimonides afirma que busca reconciliar al hombre de razón con la fe debilitada por sus hallazgos, pero, a la luz de su doctrina sobre la deliberada ocultación de las enseñanzas a los no iniciados, cabe preguntarse si en realidad no estaba minando el edificio del oscurantismo a la espera de un tiempo en que finalmente se pudiera revelar la verdad sin tapujos.

En su tiempo, Maimonides fue declarado hereje por las autoridades religiosas judías. En alguna localidad se llegó a quemar sus obras, solicitando incluso la intervención de la Inquisición católica –que no tenía autoridad sobre otras religiones y que sin duda consideraba tan hereje a Maimonides como al rabino que le condenaba– en un intento de evitar la penetración de sus ideas racionalistas y universalistas entre las comunidades más aperturistas. Intento vano, pues sus ideas no tardarían en ser incorporadas a la corriente principal del judaísmo, gracias entre otras cosas, a la ausencia de una autoridad central hecha posible por el fariseísmo y el rabinato. Hoy, Maimonides es venerado entre los grandes sabios del judaísmo, no como profeta, sino como sabio. Su obra influyó en filósofos como Alberto Magno y Tomás de Aquino, además de contribuir al rescate de Aristóteles en Occidente. Es el autor del aforismo legal más citada de la historia: “Es preferible la absolución de mil culpables que sentenciar a muerte a un solo inocente”. Según una antigua tradición hebrea por la que en esta lengua, los acrónimos se sustantivizan, uniendo vocales a las consonantes, el nombre de Rabbi Moshe Ben Maimon –RMBM– se convirtió en el honorífico RAMBAM, por el que es conocido hoy en todo el mundo judío.

Dos conexiones unen a Maimonides con nuestro segundo filósofo de hoy: la pertenencia a una familia de marranos sefardíes, es decir, de judíos que seguían la doctrina del padre de Maimonides de conversión aparente para eludir la persecución pero conservando en la intimidad la fe judía; y la tendencia irrefrenable a arrojar la luz de la razón sobre materias que hasta entonces habían permanecido ajenas a ella, como la religión, la moral, la sociedad y la política.

Baruch Spinoza (24 de Noviembre de 1632-21 de Febrero de 1677) nació en Amsterdam en una familia de conversos portugueses que se instalaron en los Países Bajos para vivir libremente en la fe de sus antepasados, huyendo de la Inquisición. A pesar del poder de los calvinistas, la ciudad holandesa respiraba un aire de libertad que no ha perdido desde entonces. Abierta al mar, a la innovación y en los albores del primer capitalismo, Amsterdam dio acogida a miles de refugiados sefardíes bien educados y versados en la lengua de la potencia dominante, lo que sería muy útil para la forja del emporio comercial holandés.
Allí, el joven Spinoza, aunque educado en el judaísmo ortodoxo, tuvo acceso a las ideas más modernas de la época, como las de Hobbes y Descartes, además de a los clásicos que le aportaba su herencia familiar y que constituían el patrimonio común de la tradición cultural sefardí: Aristóteles, Platón, Avicena, Maimonides...
Pronto desarrolló un interés particular en la óptica, que sería la profesión que le aportaría su sustento la mayor parte de su vida; mientras se dedicaba al pulido de lentes, no obstante, tuvo tiempo aún de convertirse en uno de los mayores filósofos de todos los tiempos. Su agudo sentido crítico, espoleado por su racionalismo, le enfrentaría pronto con los líderes de la comunidad judía. Defendió posiciones contrarias a la creencia común judía, como la imposibilidad de que Moisés fuera el autor de la Torah o Pentateuco, o la formulación de su particular panteísmo, que proponía una visión de dios como parte de la misma naturaleza y gobernado por las mismas leyes, negando la dualidad cuerpo-mente(espíritu) y afirmando que todo sucede, no por la voluntad transcendental de un ser superior, sino por necesidad, al estar todo determinado por leyes universales que podemos y debemos desvelar y comprender mediante la razón para poder alcanzar la felicidad.

Estas y otras ideas le valieron en 1656 un cherem de parte de su comunidad, redactado en términos muy duros, y que nunca sería levantado. A partir de entonces, Spinoza se ve apartado de la vida de la comunidad sefardí de Amsterdam y adopta el nombre latino de Benedictus, junto al más familiar Bento, por el que era conocido por amigos y vecinos.
Tras su expulsión de la sinagoga, Spinoza vivió y trabajó con su antiguo profesor de latín, Franciscus van den Enden, un tipo de lo más peculiar para la época, ya que se trataba de un cartesiano y ateo convencido que tenía prohibida la enseñanza en público por las autoridades municipales de Amsterdam. Es en esta época, me imagino que por la influencia mutua que dos mentes como las de Van den Enden y Spinoza debieron tener la una sobre la otra, que este último desarrolla sus planes para cambiar el mundo mediante la creación de una secta filosófica clandestina, adoptando un papel de “Filósofo de acción” que mucho le envidiarían y tratarían de emular años y siglos después.

A partir de entonces, Spinoza emprende una frenética actividad que le convierte en el centro de la filosofía de su época, tratando con los Colegiantes, secta interconfesional y antidogmática influída por el racionalismo; el protestante radical Peter Serrarius, con quien se cartearía frecuentemente y para quien trabajaría en alguna ocasión; recibiendo las visitas de Gottfried Leibniz y Henry Oldenburg; o trabajando junto a su amigo Christiaan Huygens, inventor de un nuevo tipo de microscopio.
La controversia en torno a sus ideas llevó a que sólo publicara dos obras con su verdadero nombre, la Principia philosophiae carthesianae y la Cognita metaphysica. En un intervalo de cinco años, entre 1665 y 1670, publicaría sus obras más influyentes: la Ethica y el Tractatus theologico–politicus. Las protestas levantadas por esta última le convencerían de no volver a publicar más en vida, restringiendo la circulación de sus obras a sus circulos más íntimos. Cuando murió, en 1677, afectado de tuberculosis, sus amigos publicaron ese mismo años todas sus obras con el nombre de Opera postuma.

Pese a ser partidario del determinismo –una extensión de su monismo neutral: la consideración de que Dios y el Universo son el mismo, hechos de la misma sustancia y regidos por las mismas leyes mecanicistas– propone una concepción peculiar de la libertad humana pero destinada a inspirar a generaciones futuras. Según Spinoza, la verdadera libertad humana consistiría en la comprensión de las reglas del universo, es aprender a aceptar que todo está determinado y liberarse de la superstición y la religión para abrazar la razón y el destino que nos aguarda.
Y sin embargo, su apuesta inequívoca por la democracia como sistema de gobierno ideal, y su defensa de la libertad humana frente a las autoridades políticas y religiosas, así como su idea de que la función del estado es hacer libre al hombre, parece contradecir ese determinismo previo al introducir la idea de que el orden vigente en aquel entonces suponía una violación de la leyes naturales. Paradoja ésta que comparte con todos los filósofos partidarios de los derechos naturales, cuya auto-evidencia no era tal, al no estar estos vigentes en ninguna o casi ninguna parte en aquel momento, y por cuya instauración y extensión fue necesario luchar duramente, rebelándose contra lo que habían establecido siglos de tradición y la mayoría de los pueblos consideraban el verdadero orden natural de las cosas.
En este punto, Spinoza recoge el pensamiento de Aristóteles al reconocer que el hombre existe por sí y para sí. Es un fin en sí mismo y, por tanto, no debe ser un medio para otros. Diríase que, puestos a preferir ser esclavo, Spinoza preferiría serlo de unas leyes universales e impersonales, que de leyes e instituciones humanas como monarquías e iglesias.

Marginado en su tiempo por ser considerado ateo; olvidado por los Románticos que desdeñaban su racionalismo; fue necesario esperar a finales del siglo XIX para que su trabajo recuperara la atención y el favor de los intelectuales. Nietzsche reconoció su deuda con el pensamiento de Spinoza. algo único, si consideramos el trato que el alemán deparaba a todo filosofo anterior a él mismo, incluido Platón y Sócrates. Ludwig Wittgenstein le rindió homenaje al titular su obra magnaTractatus logico–philosophicus Gilles Deleuze se refiere a él como “el príncipe de los filósofos” en su tesis doctoral de 1968. Albert Einstein, preguntado sobre si creía en Dios, contestó que el “creía en el Dios de Spinoza, que se revela en el orden harmonioso de todo lo que existe, no en un dios que se preocupa de los destinos y acciones de los seres humanos”.

Anteriores artículos de Librepensadores:

–Librepensadores (III): Omar Jayyám.
–Librepensadores (II): Rabelais, Dashwood, Crowley y la Abadía de Thelema.
–Librepensadores (I): Sebastian Castellio.
[Añadir comentario], [Ver comentarios] (1)

From
Subject

 
Comments:
 Fernando Thu, 25 Oct 2007 21:26:19 +0200 

Correcciones.

Hola Messieur Le Caleb!

Ayer me pasé por tu blog (enviado por un mail tuyo) y de rebote vi el artículo sobre Maimónides y Spinoza. Maimónides es una laguna en mi acervo de historia de la filosofía (aunque está en lista de espera), y de Spinoza pude leer datos biográficos que desconocía y agradezco.
Te escribo para comunicarte un par de correcciones (que no me parece oportuno colgar como comment al post)
- Un error de latín: no es "LA Principia" sino "los Principia", pues es plural del neutro (principium). Cartesianae no lleva la H que has puesto.
- La Ética no se publicó en la fecha que dices, sino póstuma, en 1677 con las opera omnia (más aún, en la fecha que dices no la había terminado).
- No es cierto en absoluto que no se le recuperara hasta finales del XIX, y mucho menos correcto es el énfasis en que el Romanticismo le ignoró, pues es justo al contrario: fue el Romanticismo el que recuperó al Spinoza. No recuerdo exactamente quién fue, creo que Moisés Mendelssohn (judío, filósofo, amigo de Kant, padre del músico Félix Mendelssohn), o Lessing, o Goethe, el que sacó a la luz a Spinoza (puedo mirártelo si quieres); a partir de ese momento.Spinoza se volvió tema de discusión e imitación constante entre los filósofos del idealismo: Fichte trata de ajustarlo a su filosofía (no muy bien), Schelling lo imitó cosa mala y después el mismo Hegel tiene una enorme deuda con él. Debido a la asimilación de Spinoza en esta época se produjo la polémica del panteísmo, que condujo a numerosas expulsiones de catedráticos en diferentes momentos (Fichte y Schelling mismos sufrieron esto).
Desde este contexto, Schopenhauer lo asimila y también lo cita constantemente, con mucha consideración, aunque le critica en varios puntos.
Nietzsche lo conoció muy tarde, a través del historiador hegeliano de la filosofía Kuno Fischer. Es cierto que lo alaba en esa última época, pero creo recordar que también a veces se mete con él (lo llama "araña", por ejemplo). Sería la misma ambivalencia que tiene con muchos otros.
Mucho antes que todos estos, P. Bayle habló de él en su Diccionario filosófico (1697 if memory serves), donde censuraba su panteísmo; a pesar de todo, fue una fuente importante para su divulgación. Fue este artículo el que condujo a la recuperación de Spinoza a finales del XVIII en Alemania.
Si quieres puedo precisar mejor estas informaciones.

Hasta aquí estos comentarios se refieren a errores del texto, por si quieres retocarlo. Otras cosas: dices algo así como que Dios se somete o integra en la naturaleza; más bien son idénticos; Spinoza pone en la Ética cada dos por tres "Dios, esto es, la naturaleza" (Deus sive natura); que es también la sustancia única, infinita, etc.
Aparte de esto, hay otras cosillas, pero bueno, cada cual destaca en el sistema de Spinoza lo que le parece.
Una cosa curiosa, que no mencionas, es su conocimiento de la cultura española de la época; en su biblioteca había obras de Cervantes, Lope de Vega o cosas así, del siglo de oro.
Gilles Deleuze me cae como una patada en..., autor de unos libros de verborrea ridículamente ininteligible (el AntiEdipo se lleva la palma); pero creo que es el responsable de la moda spinozista en Francia en los últimos años.

Hasta pronto! Saludos

Fernando 8¿)






Contactar
login
 

   Enlaces
 
MiniLuna
CyborgLogo
Wikipedia

RSS