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  ¿Inútiles? ¿Sinvergüenzas? ¿Las dos cosas?


Señales de vida
  General  
Sat, 26 Jul 2008 08:41:44 +0200

Estoy vivo. Todo un mérito.
Les comunico que tengo intención de trasladar este espacio a una nueva ubicación. Tomen nota:
http://valientes.zoomblog.com
Mantendré este espacio abierto, a la espera de que se resuelvan ciertos detalles técnicos de sus entrañas.
Ya que estamos, ruego al lector que se dignó a escribirme que vuelva a hacerlo; he perdido su dirección y querría agradecerle sus amables palabras.
Sigan con lo suyo, si es que tienen algo...
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Hasta la raíz
  Patologías  
Fri, 01 Dec 2006 12:38:54 +0100

Brincando por los canales televisivos, me topo con un reportaje en el que una batería de supuestos intelectuales de moda –el bando en el que militan es lo de menos en este caso–, lucen sus títulos y cargos mientras, con expresión grave y sagaz, denuncian, por enésima vez, los grandes problemas de la humanidad, haciendo gala de su infinita capacidad para percatarse de lo obvio: hay guerra, hay hambre, hay miseria, hay desigualdades, hay miedo al enemigo y al demonio de turno, hay corrupción, hay desidia, qué malos son aquellos, qué buenos somos nosotros... (Ya, ya lo sabemos, incluso podemos sentirlo en nuestras carnes con mayor o menor intensidad en función del escalón social en el que te encuentres.) Cuando mi dedo sobre el mando a distancia se disponía a cortar por lo sano con semejante parloteo, uno de ellos pone cara de subir la apuesta, traga saliva, y se arranca con una afirmación que, prescindiendo de la exactitud de la cita, venía a decir,: "No hemos llegado a la raíz del problema". ¡Toma castaña! Me da la risa, se me afloja el esfínter y me tiro un sonoro pedo.
La vanguardia de "pensadores" –merecidas comillas, pues no son más que papagayos, decimonónicos algunos, neolíticos los más–, tras sesudas reflexiones y enjundiosas subvenciones, alcanza por fin y declara, con la boca pequeña, lo que mi propia abuela, campesina analfabeta que sólo por lo vivido les daba sopas con hondas a todos estos parásitos charlatanes, se había hartado de murmurar durante toda su larga y fatigosa vida: que no hay cojones de tirar de la manta.
¡Claro que no se llega a la raíz del problema! ¿A quién le puede interesar llegar a la raíz del problema corriendo el riesgo de que allí, en la raíz, se encuentre con que uno forma parte del problema, lo nutre y se alimenta de él? ¡Venga, hombre, prediquen con el ejemplo! ¡Bajen hasta el fondo de los problemas y den un paso al frente, sean los primeros en extirparse de raíz la parte que les toca! ¡Despréndanse de todo lo que han obtenido gracias a los problemas que denuncian! Y cuando lo hayan hecho, vuelvan ustedes a enseñármelo, a ver si me convencen y no cambio de canal...
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Igualdad de oportunidades
  La gran estafa  
Mon, 06 Nov 2006 13:15:54 +0100

Una de las mayores causas de frustración, depresión, fobia y desidia del personal es la tan cacareada como falsa igualdad de los individuos y sus oportunidades. Pongamos como ejemplo un caso reciente y descarado de mangoneo endogámico: Gonzalo Miró.
Como bien saben, tras las vacaciones veraniegas, todas las cadenas de televisión ponen gran empeño en presentarnos sus respectivas novedades en la programación para la nueva temporada. Este año, el canal Cuatro, animado por un primer año de vida de lo más prometedor en lo que a niveles de audiencia se refiere, nos anunció el inicio de un programa, un magazine de mediodía, "Las mañanas de Cuatro", en absoluto novedoso y evidentemente destinado a competir con sus homólogos de las otras cadenas rivales. Para convencernos, claro está, nos enseñaron el plantel: un par o tres de "periodistas de renombre", tres o cuatro "analistas de renombre" –rescatados de otros magazines de otras cadenas– para formar una "mesa de debate" calcada a la de dichos magazines de la competencia y, cómo no, algún miembro de esa nueva casta, hija de los mass media, que conocemos como "los famosos"*. En "Las mañanas de Cuatro", el "famoso" agraciado es Gonzalo Miró.
Este muchacho de veintipocos años adquirió su estatus por herencia –¿pero no habíamos acabado con esto con la Ilustración?–. Hijo de Pilar Miró –una conocida directora de cine–, de padre secreto y de alta posición social, Gonzalo, cuya misteriosa paternidad ya había alimentado sobradamente a la prensa del corazón –curiosamente esta denominación tiene poco que ver con una publicación dedicada a los devenires cardiovasculares– "saltó a la fama" por servir de consuelo sentimental a la hija de la Duquesa de Alba. El chaval empezó a estudiar periodismo... cambió de opinión y probó con la comunicación audiovisual... cambió de opinión y optó por darse una vueltecita por los Estados Unidos, a ver si así se decidía por algo... Y de pronto, sin pasar por la Inem, en medio de este sin vivir tan peculiar del que no tiene que trabajar para comer ni pagarse un alquiler, se encuentra delante de las cámaras, leyendo con dificultad cuatro noticias intranscendentes, anunciando jamón de marca mientras trata de cortarlo con evidente torpeza –cosa lógica, pues al muchacho, el jamón, siempre se lo ha cortado otro, en delicadas lonchitas– y cobrando 6.000 euros semanales –sí, señoras y señores, han leído bien, seis mil semanales– por la puta cara. No se puede expresar de otro modo.
Les aseguro que no tengo nada personal contra este muchacho. Lo juro. Pero ahora díganme ustedes con qué ánimo se levanta uno para ir a trabajar más horas que un tonto para ganar al mes el sueldo mínimo –alrededor de 500 euros de mierda–, o con qué cara le decimos a nuestros hijos que deben esforzarse para vivir, estudiar, prepararse para el día de mañana, para construir un hermoso mundo "democrático" en el que todos somos iguales y disfrutamos de las mismas oportunidades...
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Votación anticipada
  General  
Tue, 31 Oct 2006 13:31:17 +0100

Desde hace unas semanas, vivo en zona de pre-campaña para unas elecciones que se celebran mañana, 1 de noviembre de 2006. Pero yo, ya he votado.
Ayer, paseaba rambla abajo, cuando me salió al paso una señora que, en circunstancias cotidianas, hubiera mantenido una precavida distancia de seguridad de al menos cien metros entre ella y mi persona. Sin embargo, obligada por la lealtad a su partido e imbuida del mayor fervor democrático no tuvo más remedio que abandonar el parapeto de su chiringuito electoral y plantarse ante mí.
– Buenos días, señor –fueron las palabras que acompañaron al fajo de papeles que me tendía. Con toda educación, acepté la ofrenda y me dispuse a examinarla allí mismo.
– Hummm... Ya, ya... Ajá... Hum... Ya, ya... –fui emitiendo a medida que hojeaba el tríptico con la jeta del candidato, el manifiesto, las promesas.– Qué amables... –añadí cuando llegué al sobre y la papeleta. Con mi atención, la señora y sus compinches, apostados por los alrededores, parecían colmados por el deber cumplido.
– Muy bien... –Con toda solemnidad, doblé cuidadosamente tríptico, manifiesto, promesas y papeleta, los metí en el sobre, extraje mi carnet de identidad de mi cartera, di unos pasos hasta la papelera más próxima, alcé el sobre y con voz firme y ceremoniosa anuncié:
– Rex Luscus, ciudadano libre de la galaxia... ¡Votó! –Y deposité, no sin cierta pompa, el abultado sobre en aquella urna improvisada. Con una leve inclinación de cabeza, di media vuelta y seguí con mi paseo bajo el sol del mediodía, que brillaba con una intensidad impropia para las fechas en las que estamos.
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Es que no me extraña...
  La gran estafa  
Mon, 23 Oct 2006 13:06:01 +0200

Comunica la OMS (Organización Mundial de la Salud) que en un década los desórdenes anímicos y mentales representarán la segunda causa de enfermedad, a la zaga de los padeceres cardiovasculares. ¿No les parece sintomático? Tensión, depresión, angustia, pánico, fobias, psicosis... Por supuesto, se anuncia el problema, se invierte un dineral en campañas y en buscar un parche al problema –principalmente a base de fármacos que adormezcan la actividad mental, en este caso–, pero nadie parece dispuesto a descender hasta el fondo del asunto para buscar la razón por la cual las mentes del ciudadano, cada vez desde más temprana edad, saltan por los aires como si de palomitas escapando de la sartén se tratara.
Sin mucho esfuerzo, se me ocurren varios motivos por los cuales un individuo puede decidir –por poner algunos ejemplos en boga– acabar metiéndose en la cama sin intención de volver a levantarse, ocultándose tras las puertas, dejando de comer, o disparándole al prójimo en cualquier establecimiento público: un día se le ocurre pararse a pensar –cosa a la que no está acostumbrado, pues ha dejado que siempre sean otros los que piensen por él– y descubre que está siendo objeto de la mayor estafa que uno puede imaginar.
Un ejemplo: le habían dicho que tenía que trabajar y pagar impuestos para ser merecedor de unos derechos fundamentales (libertad, igualdad ante la ley, alimento, vivienda, sanidad, educación...) y resulta que trabaja toda su puta vida, paga cada vez más impuestos y además paga por todos sus supuestos derechos a precio de lujo. Y si les queda algo suelto, que lo gasten en un montón de cosas que no necesitan. ¿Si tengo que pagarme mis derechos, dónde van a parar mis impuestos? Le convencen de que, a pesar de vivir en un planeta superpoblado, deben seguir trayendo criaturas al mundo para que sigan trabajando en semejantes condiciones, con el argumento de que así construyen un mundo mejor... ¿Mejor para quién? Le convencen de que juegan a un juego llamado "democracia", en el que todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades...
Disculpen, pero me da la risa tonta y no puedo continuar...

"...el trabajo apesta... la escuela apesta... la vida apesta... ¿Qué más puedo decir? La vida es un vídeo juego, tú tienes que morir algún día".
Declaraciones de Kimveer Gill, 25 años, detenido el mes pasado después de liarse a tiros en la Universidad de Dawson (Montreal, Canadá).

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